"«Pero la nostalgia no es siempre nostalgia de un pretérito. Existen lugares que nos producen una nostalgia por adelantado. Lugares que sabemos perdidos en cuando los encontramos; lugares en donde nos sabemos más felices de lo que jamás seremos después. En estos paraje el alma se desdobla como en un simulacro voluntario para mirar su presente en retrospectiva. Como un ojo que se mira a sí mismo desde un después, el ojo mira de lejos su presente y lo anhela.»"
John Menick. How To Tell a Story (2009)
"Asimismo, dejando aquí el tono de farsa, en un tema [“el progreso, esa gran herejía de la decrepitud”] que contiene tantas lágrimas como risas, ¿no es cosa verdaderamente pasmosa ver a una nación, a varias naciones, y muy pronto a toda la humanidad, decir a sus sabios, a sus hechiceros: “Los amaré y los haré grandes si me persuaden de que progresamos sin quererlo, inevitablemente, incluso durmiendo, líbrennos de la responsabilidad, ahórrenos la humillación de las comparaciones, sofistiquen la historia, y entonces podrán llamarse los sabios de sabios?” ¿No es causa de asombro que esta idea tan sencilla no brote de todos los cerebros?: Que el progreso (si es que lo hay) perfeccione el dolor en la misma proporción en que refina la voluptuosidad, y que, si la epidermis de los pueblos va haciéndose cada vez más delicada, no persigan evidentemente más que una Italiam fugientem, una conquista a cada minuto perdida, un progreso siempre negador de sí mismo?"
"Todo aquél que sea un activista y al mismo tiempo un pesimista es o será un fascista."
"El inmenso crecimiento del complejo monetario e industrial aportó consigo también la ciudad moderna, lo que un poeta posterior iba a llamar la ville tentaculaire, la megalópolis cuya incontrolable división celular y su expansión amenaza con ahogar buena parte de nuestras vidas. De ahí que se defina un nuevo e importante conflicto, el conflicto entre el individuo y el mar de cemento que en cualquier momento puede asfixiarlo. […] Precisamente a partir de la década de 1830 podemos observar cómo nace un característico “contrasueño”, la visión de la ciudad devastada, las fantasías de invasiones de escitas y vándalos, los corceles de los mongoles apagando su sed en las fuentes de los jardines de las Tullerías. Desarrollase entonces una singular escuela de pintura: cuadros de Londres, París o Berlín como colosales ruinas, como famosos monumentos incendiados, destruidos o situados en un horripilante vacío entre raigones chamuscados y aguas estancadas. La fantasía romántica se anticipa a la vengadora promesa de Brecht, según la cual nada quedará de las grandes ciudades salvo los vientos que soplan a través de ellas. Exactamente cien años después estas imágenes apocalípticas y estos cuadros del fin de Pompeya habrían de ser nuestras fotografías de Varsovia y Dresde. No se necesita recurrir al psicoanálisis para comprender hasta qué punto era fuerte la realización del deseo que alentaba en estos indictos del siglo XIX."
"By its very existence, sociology presupposes the overcoming of the false opposition arbitrarily erected by subjectivists and objectivists. Sociology is possible as an objective science because of the existence of external relationships which are necessary and independent of independent wills, and perhaps unconscious (in the sense that they are not revealed by simple reflection), and which can only be grasped by the indirect route of observation and objective experimentation; in other words, because subjects are not in possession of the meaning of the whole of their behavior as immediate conscious data, and because their actions always encompass more meanings than they know or wish, sociology cannot be a purely introspective science attaining absolute certainty simply by turning to subjective experience, and, by the same token, it can be an objective science of the objective (and the subjective), i.e. an experimental science, experimentation being, in the words of Claude Bernard “the only mediation beween the objective and the subjective”."